Fotos tomadas durante el viaje por Viêtnam en Septiembre y Octubre de 2001. Empezando por el Sur, el Delta del Mekong, Saigón, Da-Lat, Playa de China, Hué, Halong Bay, Sapa y finalizando en Hanoi, al Norte del país.
El alma que ha visto, lo mejor posible, las esencias y la verdad, deberá constituir un hombre, que se consagrará a la sabiduría, a la belleza, a las musas y al amor. Platón, Fedro o de la belleza.
Perhaps he knew, as I did not, that the Earth was made round so that we would not see too far down the road. Isak Dinesen
Sólo vemos lo que miramos. Mirar es elegir. John Berger
Y cogeré hasta el final de los tiempos, las plateadas manzanas de la Luna, las doradas manzanas del Sol. William Butler Yeats
viernes, 25 de enero de 2013
Viêtnam "In Paradisum"
Fotos tomadas durante el viaje por Viêtnam en Septiembre y Octubre de 2001. Empezando por el Sur, el Delta del Mekong, Saigón, Da-Lat, Playa de China, Hué, Halong Bay, Sapa y finalizando en Hanoi, al Norte del país.
martes, 1 de enero de 2013
Las plateadas manzanas de la Luna, las doradas manzanas del Sol
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| Scaramouche (2012). Pedro Canabal |
The song of wandering Aengus
| I went out to the hazel wood, Because a fire was in my head, And cut and peeled a hazel wand, And hooked a berry to the thread; And when white moths were on the wing, And moth-like stars were flickering out, I dropped the berry in the stream And caught a little silver trout. | Salí al bosque de avellanos, Porque tenía un incendio en mi cabeza, Y corté y pelé una rama de avellano, Y enganché una baya al hilo; Y mientras volaban las polillas blancas, Y estrellas como polillas titilaban, Eché la baya en el arroyo Y atrapé una pequeña trucha dorada. |
| When I had laid it on the floor I went to blow the fire aflame, But something rustled on the floor, And some one called me by my name: It had become a glimmering girl With apple blossom in her hair Who called me by my name and ran And faded through the brightening air. | Cuando la hube dejado en el suelo Fui a encender el fuego, Pero algo susurró en el suelo, Y alguien me llamó por mi nombre: Se había convertido en una muchacha de tenue brillo Con flores de manzano en su cabello Que me llamó por mi nombre y corrió Y se desvaneció entre el aire que aclaraba. |
| Though I am old with wandering Through hollow lands and hilly lands, I will find out where she has gone, And kiss her lips and take her hands; And walk among long dappled grass, And pluck till time and times are done The silver apples of the moon, The golden apples of the sun. | Aunque ya estoy viejo de vagar Por tierras bajas y tierras montañosas, Descubriré dónde se ha ido, Y besaré sus labios y tomaré sus manos; Y caminaré por la larga yerba de colores, Y cogeré hasta el fin de los tiempos Las plateadas manzanas de la luna, Las doradas manzanas del sol. |
lunes, 19 de noviembre de 2012
Sittin´On the Dock of the Bay
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| Lang Co Bay (Viêtnam) |
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| Halong Bay (Viêtnam) |
Ahora me hallaba sentada entre las rocas, apoyada en un saliente que da al mar. Llevo varias horas aquí, adormecida por la brisa y el sol, tarareando sin parar una canción. La letra que repetía a lo largo de mi viaje. Aquellas palabras se convirtieron en un aliado frente a lo desconocido, en un compañero.
"Sentado al sol de la mañana
estaré sentado cuando llegue la tarde
mirando girar los barcos
y mirándolos alejarse de nuevo
Sentado en el muelle de la bahía
mirando bajar la marea
simplemente estoy sentado en el muelle de la bahía
desperdiciando el tiempo
Dejé mi hogar en Georgia
encabezado por la bahía Frisco
porque no tenia nada por lo que vivir
y parece que nada va a venir a mi camino
Pues simplemente estoy...
Parece que nada va a cambiar
todo aún continúa lo mismo
No puedo hacer lo que la gente me dice que haga
pues creo que seguiré de la misma forma
Aquí sentado, descansando mis huesos
y esta soledad no me dejará sólo
he vagado dos mil millas
solo para hacer de este muelle mi hogar
Ahora, simplemente estoy..."
lunes, 22 de octubre de 2012
Viaje a la isla encantada con David Attenborough
Qué gran sorpresa me llevé hace unos días cuando por casualidad, me encuentro con la emisión del documental "ZOO QUEST IN COLOR" del gran David Attenborough. Parece ser que hace unos tres años, una investigadora se topó por casualidad en los archivos de la BBC, con una lata que contenía la serie documental rodada enteramente en Indonesia, pero en color y que nunca fue revelada ni vista. Dicha anécdota ha hecho posible que podamos disfrutar de uno de los documentales más interesantes sobre la fauna del Archipiélago y cómo no, con la magnífica presencia de Attenborough. Reedito dicha entrada escrita en Octubre del 2012 con la misma emoción que entonces.
En la última feria del Libro de Ocasión encontré una joya titulada "Un dragón para el zoo" (Barcelona: Universal, 1994), escrito por David Attenborough (London,1926). Trata sobre un viaje realizado en 1957 al Archipiélago Indonesio, desde la isla encantada de Bali hasta la isla de Comodo. Durante cuatro meses Attenborough se embarcó en una pequeña odisea: un viaje por la historia de un pueblo marcado por un pasado hegemónico y por una flora y fauna, única en el mundo.
En palabras del autor, aquellos meses se convirtieron en un complicado viaje cargado de múltiples anécdotas. Desde el soborno a la policía local para conseguir los visados y permisos de filmación, hasta la llegada a la isla de Comodo y todo a bordo de una especie de velero y guiados por contrabandistas de armas!
El objetivo de tan singular viaje consistía en filmar al último de los dinosaurios (vivos), el dragón de Comodo. Antes de llegar a la isla del dinosaurio, Attenborough y su compañero de viaje, Charles Lagus sortearon toda clase de inconvenientes burocráticos para la filmación del documental. En realidad era la primera vez que un par de ingleses se adentraban en la jungla en busca de animales, a lo que no estaban muy acostumbrados los indonesios. Lo normal era ir a visitar templos y ruinas como el famoso "Borobudur" en la isla de Java, o adentrarse por las numerosas carreteras accidentadas en busca de la vida rural del campesino: campos de arroz y sombreros cónicos de paja.
"La gente que veíamos trabajando en el campo o caminando por la carretera era alta y bien parecida (...) Muchas mujeres iban desnudas de cintura para arriba, cosa nunca vista en la musulmana Java (...) Las autoridades indonesias, temerosas de lo que los extranjeros consideren tal actitud natural como prueba de primitivismo, prohíben que los turistas fotografíen a las campesinas así desvestidas".
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| Borobudur Temple |
Nuestro protagonista descubre un país y una civilización
cargada de un fuerte simbolismo. La música del gamelán y presenciar sus danzas tradicionales transportan al viajero a un lugar mágico. Los artistas llevan gigantescas
máscaras y representan a seres nacidos de la mitología indonesia como el barong, que sostienen al espíritu del
bosque.
El barong es uno de los más poderosos y terribles espíritus de Bali, monstruo cuadrúpedo, con
espeso pelambre, con máscara de ojos globulares y feroces colmillos salientes,
del que cuelga su más poderoso atributo: una larga barba de cabello humano. Los
balineses han procurado siempre aplacarlo y él en consecuencia, usa sus
poderes para proteger a la comunidad.
El salto de isla en isla a lo largo del alineado archipiélago les permitió conocer la inmensa cadena volcánica que se extiende desde el sur de Sumatra, hasta las Filipinas, pasando por Java, Bali y Flores. La influencia de los volcanes en la isla y sus habitantes es inmensa. "Sus hermosos pero amenazadores conos dominan el paisaje; la lava y las cenizas, acumuladas de muchos siglos a esta parte, convierten el suelo de Java en uno de los más fértiles del mundo, y el terror de sus períodos de actividad ha motivado que la mitología indígena los considere como morada de poderosas divinidades".
La siguiente parada en el viaje fue la isla de Borneo, lugar donde habita el orangután, magnífico simio, cuyo nombre en malayo significa hombre del bosque.
Lo realmente complicado del viaje fue llegar hasta Comodo y encontrar al dragón. Por aquellos años no era habitual el trasiego de extranjeros deseosos de embarcarse rumbo a una de las islas más desconocidas del Archipiélago.
"¿Cómo ir a Comodo? He aquí un problema que la gente de Surabaya no debía tener costumbre de plantearse. La isla se halla a quinientas millas de distancia y es la quinta de un rosario de islas que se extiende desde Java hacia el Este, con dirección a Nueva Guinea. Ninguno de los funcionarios del Gobierno con quienes tratamos supo decirnos la manera de trasladarnos allí; de modo que tuvimos que averiguarlo por nuestra cuenta".
Attenborough deseaba filmar el dragón en su hábitat y a ser posible cazar un ejemplar. Los primeros datos que se conocen del dragón de Comodo los realizaron unos europeos en 1910. Hasta esa fecha nadie sabía de su existencia. El teniente Steyn Van Hensbroek, de la administración colonial neerlandesa, acuñó el término "cocodrilo terrestre". A partir de ese momento el descubrimiento se difundió de forma generalizada. El dragón de Comodo fue uno de los alicientes para una expedición a la isla, realizada por W. Douglas Burden en 1926. Capturaron doce ejemplares. Dicha expedición sirvió de inspiración a la película "King Kong" filmada en 1933. Los neerlandeses (por entonces Indonesia estaba bajo soberanía holandesa), dado el escaso número de ejemplares en estado salvaje, prohibieron la caza deportiva y restringieron la captura para estudios científicos. Las expediciones de recogida se detuvieron al comienzo de la II Guerra Mundial para reanudarse en la década de los años 50, momento en el que se realiza el viaje de Attenborough.
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El viaje se enmarca dentro de la serie televisiva "Zoo Quest" realizada entre 1954-1963. Cada episodio se centra en un animal particular del trópico, sin olvidar la vida salvaje y las costumbres de los lugares. La serie tuvo tanto éxito que se convirtió en el programa de vida salvaje más popular de la televisión británica y estableció la carrera de Attenborough como presentador de documentales de Naturaleza. A partir de aquí la profesión de divulgador científico cobró el nombre en David Attenborough. Hablar de su vida o su carrera profesional no tiene mayor misterio. Todos hemos visto su cara y cuerpo enmarañado en la jungla, acompañando a un ejército de hormigas o al lado de un selecto grupo de tortugas centenarias en las Galápagos. Si este viaje es importante es porque a partir de este momento Attenborough se convierte en uno de los pioneros del documental como género, faceta de la que aún hoy no se ha retirado a sus noventa y tantos años.
Archive BBC
Entrevista a David Attenborough
Zoo Quest to Guiana 1955
miércoles, 19 de septiembre de 2012
Hacia los Templos de Bagán en Birmania (I)
Aquella era una mañana calurosa del mes de Noviembre en un país en el que no existe el otoño. El sol no tardó en despertarse a eso de las cinco. Nosotras, Isabel, Paloma y una servidora nos desperezamos de la cama dando un salto casi olímpico. Ese día, tomábamos rumbo en barco a uno de los rincones del mundo donde quizá nada ha cambiado, un lugar tan misterioso y bello que permanece oculto en el llano. Ese lugar es Bagán (Birmania).
El barco que comunica la ciudad legendaria de Mandalay (al norte del país) con Bagán, era una especie de vapor del Missisippi, o al menos a mi me lo parecía. La popa estaba provista de esa gigantesca rueda hidráulica que impulsa el motor del barco y lo lleva rio abajo en un recorrido de casi 170 kilómetros y 13 horas. Toda una aventura por la mayor cuenca fluvial que atraviesa el país, el río Irrawaddy, "el rio que brillaba como si arrastrara diamantes" así lo describió George Orwell (1903-1950) cuando trabajó para la Policía Imperial India en Birmania.
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| George Orwell |
El barco de la compañía estatal "Inland Water transport" estaba abarrotado de gente. Casi todos lugareños que se movían como pez en el agua por la cubierta del barco, saltaban de lado a lado en busca de un té, una samosa o una charla intemporal. Yo decidí apoderarme del desayuno de un alemán despistado que se dejó su bolsa en una silla olvidada. El menú no podía ser más completo: un plátano, unas galletas y un huevo duro. Todo un manjar para un estómago (muy vacío). La horas no transcurría, la lentitud del vapor era pasmosa, el sopor del calor hacía que tu cuerpo se resbalase por el suelo como una ameba. Coffee mix, coffee mix !! gritaba una chica joven provista de una tetera con agua, vasos de plástico y sobrecitos de ese terrible café y leche en polvo que tanto se consume en el país. Me tomé uno y decidí asomarme a la cubierta del barco. De repente y sobre una extensión de tierra infinita se asomaba una de las mayores concentraciones de estupas y templos budistas del mundo, uno de los recintos arqueológicos más importantes del planeta: la antigua ciudad de Bagán, antiguamente conocida como el Reino de Pagán. Me llevó un largo rato asimilar tanta belleza desde lo lejos. No sólo contemplaba una planicie teñida de verde con miles de pagodas a su alrededor, la mezcla de soledad y estupor se transformaron en arritmia y descanso.
Una vez en tierra y tras conseguir descender del barco por una tablilla por la que jugueteaba para no caerme, tomamos un especie de moto-taxi rumbo al New Bagán, una pequeña concentración de hoteles, tiendas de souvenirs, telares y talleres artesanales que sirven de "nuevo hogar" a una población que ha sido arrancada de sus casas originales por el Gobierno de la Junta Militar birmana.
Tras recorrer varios guest-house u hoteles decidimos quedarnos en uno provisto de habitaciones individuales con un pequeño porche a la entrada, perfecto para salir por las noches a fumar un cigarrillo y deleitarse con las miles de flores inidentificables que proporcionan los climas tropicales. Un dato, el precio por persona era de 4 dólares la noche.
La mañana se mostraba desafiante, casi tanto como el desayuno: zumo de papaya y mango, té, tostadas, huevos revueltos, toda una herencia colonial al más puro estilo británico.
Adentrarse en el Reino de Pagán supone un reto. Fue fundada en el año 849 d.C (en el recodo protegido del rio Irrawaddy) por motivos estratégicos, pero también por motivos místicos y cerca del Monte Popa, un centro religioso de los nat (espíritus), en una importante encrucijada comercial de mon, chinos e indios. El esplendor de este asentamiento comenzó con el victorioso rey Anawrahta (1044-1077), que unificó el país y propagó el budismo theravada. El esplendor de Pagán se extinguió bruscamente con la anexión que llevó a cabo Kublai Khan en 1287, como consecuencia de la cual la ciudad quedó abandonada. Durante los siglos XI al XIII surgieron unos 13.000 templos, estupas y pagodas. De los cuales 2.217 construcciones superaron los terremotos, las invasiones, el fuego y la decadencia. Para los budistas una forma de llegar al nirvana es construir un templo o una estupa. Por esta razón los reyes, la nobleza y los monjes construyeron monumentos imperecederos de ladrillo y de estuco. Uno de los ejemplos más notables es el templo de Ananda, comenzado por el rey Anawratha y terminado por el rey Kyanzittha. Es, con su blanca sikhara (torre puntiaguda), uno de los edificios más notables y una obra maestra de la arquitectura mon. La pagoda de Ngakywenadaung, con su estupa maciza y cilíndrica, del siglo X, es una de las más bellas. Algunos al contemplarla comentan que les evocan reminiscencias de los primeros templos aztecas. A mi me recuerda al bulbo de la flor de loto...;
La pagoda de Shwezigon es el mayor templo de la zona, la más suntuosa, vistosa, fastuosa, pero no guarda el halo de elegancia de las dos anteriores. Según la leyenda, por orden del rey, se cargó a lomos de un elefante blanco una reliquia sagrada de Buda. La pagoda señala el lugar en que el elefante se arrodilló en el banco de arena del rio y su nombre significa eso mismo "estupa de oro en el banco de arena". Se la considera una de las pagodas más importantes de toda Birmania porque según cuentan, guarda la clavícula, el hueso frontal y un diente de Buda.
"Llegamos a una gran plaza, cuyo suelo es de tierra apisonada. La construcción impresiona poderosamente. Veo que unas anchas escaleras ascienden y desaparecen por una puerta ancha y no sé más. (...) Pero entonces continuamos nuestra escalada por el interior y por una estrecha escalera exterior alcanzamos la planta superior, pero es como si la construcción volase delante de nosotros, como si fuese más alta con sus nichos, sus torres, sus estupas, sus adornos. (...) Entre el cielo y la tierra sólo hay un centímetro, que se supera en un abrir y cerrar de ojos. Entonces se tocan. El momento es tanto más maravilloso cuanto que es inimaginable no oír ningún sonido, un golpe de timbal. Pero no hay absolutamente nada, el barco se desliza en silencio con la vela teñida de rojo, el carro de bueyes se adentra en el polvo silencioso". (Gabriele Fahr-Becker. Arte Asiático. Ed Köneman. 1999).
La grandiosidad y la sencillez de éste lugar se mezclan en la retina del viajero. Ya no sólo por contemplar estupefactos una retahíla de estupas y pagodas que se repiten como un mantra, si no porque a tu alrededor siempre encuentras a un lugareño que con su sonrisa te muestra el esplendor y la decadencia de (su) reino. Pero todavía hay más. Adentrarse en Birmania supone escapar de la civilización más occidentalizada. A día de hoy es el país más pobre del Sudeste Asiático, muy por detrás de sus vecinos tailandeses, chinos, vietnamitas...y por supuesto el que sufre más carencias básicas como la leche, imposible de encontrar a no ser que se tome en polvo, un simple perfume, cuchillas de afeitar, o hasta una simple barra de labios para mujer. Si quieres cambiar euros o dólares a la moneda local (kyats) has de acudir al mercado negro, no existen los teléfonos públicos, y ni siquiera los hoteles cuentan con internet para el viajero.
Hoy me he despertado soñando que volvía a Birmania y que regresaba al café donde me tomé el mejor zumo de mango del mundo.
lunes, 4 de junio de 2012
Henry Morton Stanley
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| Henry Morton Stanley |
Proyectar un viaje implica dedicación absoluta, por lo menos en mi caso. Elegir un destino, elaborar un trayecto en coche, a pie o en barco...superar las muchos obstáculos derivados de los retrasos en los aviones, huelgas, pérdida de equipaje etc...; Intento imaginar a los viajeros y exploradores del siglo XIX, sin agencias de viaje, sin transporte aéreo, sin telégrafo, sin seguros médicos y con la absoluta certeza de elegir un destino que en ocasiones ni siquiera estaba señalizado en los mapas.
Por entonces y como comentaba en mi anterior entrada el oficio de explorador se puso de moda en el XIX. A esta figura mítica le acompañaba una aureola de exotismo, del placer por lo desconocido. Los protagonistas de tan arriesgada tarea podían verse envueltos en peligros inenarrables, terminar tus días cocinado en una olla gigante o simplemente tirado en la hamaca de tu tienda con una disentería, malaria, tifus o dengue, solía constituir un final trágico para muchos de los expedicionarios contratados a sueldo y sin mucho futuro en caso de retorno a la madre patria (si es que conseguían sobrevivir). El continente africano a mediados del siglo XIX se convirtió en el destino por excelencia para las múltiples expediciones europeas que plantaron su bandera en territorios vacíos de poder. Oro, diamantes, marfil, caucho, todo un elenco de riquezas comenzaban a tener un amo y señor. Nada escapaba a la fiebre desatada en Europa por adueñarse de tan suculento bocado.
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| Mapa Congo Belga 1896 |
El personaje que presento a continuación hizo de todo. Comenzó como corresponsal del New York Herald cubriendo noticias como la Revolución liberal de 1868 en España que tiró por tierra el trono de Isabel II de Borbón, así como el difícil caminar de la I República, de ahí pasó a la inaguración del Canal de Suez en el año 1869 para pasar a protagonizar una de las mayores hazañas por la que se le conoce: la búsqueda del explorador y misionero David Livingstone, desaparecido en África desde hacía unos cuantos años. De éste "curioso encuentro" hablo en mi anterior entrada pero la de hoy nos lleva a otra aventura tan singular como la anteriormente citada.
Hasta su encuentro con Livingstone, Henry Morton Stanley gozaba de una reputación intachable. Para los ojos europeos había sido capaz de encontrar al hombre que todos daban ya por muerto, es más, consiguió recuperar para la Royal Geographical Society esa hegemonía algo marchita tras la desaparición del misionero y explorador. ¿Pero qué sucedió después?, parece que el ansia de conquista, de reconocimiento, de éxito se le subió a la cabeza, o por lo menos esa es la impresión que dio.
Stanley fue contratado en 1876 por el rey Leopoldo II de Bélgica (otro tipo ambicioso de la época) para organizar una especie de asociación científica y filantrópica denominada Sociedad africana internacional que en realidad encubría una empresa particular del rey, (lo cual no difiere mucho de los tiempos actuales, sin entrar en detalles...). Leopoldo II tras sus intenciones de introducir la civilización occidental y la religión en esa parte de África pretendía (como todo buen monarca de la época) adueñarse de aquellas tierras en beneficio propio. Stanley puso rumbo a lo que todos conocemos por el Congo Belga para negociar con los jefes tribales la concesión de aquellos terrenos, a cambio construyó algunas carreteras para abrir el país pero a partir de aquí es cuando desarrolló su lado o faceta más oscura. Se ganó la fama de asesino de nativos, contribuyendo a una de las páginas más oscuras de la historia del siglo XIX.
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| Encuentro entre Stanley y Emin Pasha. 1877 |
Ganada la fama de hombre duro e inquebrantable (una especie de Rambo) se lanzó al estrellato. Su siguiente y última misión (parece que hablemos de un agente secreto), fue la de rescatar a Mehmet Emin Bajá, (conocido como Emín Pasha), alemán, naturalista y físico, gobernador de la provincia egipcia de Ecuatoria, en el Alto Nilo, retenido por los seguidores de Muhammad Ahmad al Madhi (líder religioso-musulmán del Sudán egipcio). La expedición de lo que se conoce como el falso rescate de Emin Pasha partió de Inglaterra con rumbo a Zanzíbar, inicio de casi todas las expediciones europeas al continente negro. Tras varios días de negociaciones con el mercader de esclavos Tippu Tip, consiguieron un barco, el Madura, con porteadores y mercancías suficientes. Tras bordear todo el sur de África, la expedición arribó a Banana, en la desembocadura del rio Congo. De allí fueron al puerto de Matadi (principal puerto de la actual República del Congo y ciudad fundada por el propio Stanley en 1879) dirigiéndose a Léopolville (Kinshasa, la actual capital de la República del Congo).
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| Congo river |
La zona oriental, conocida por Ituri, fue el tramo más complicado, las densas selvas hicieron mella en una expedición que pasó de los 389 hombres del principio a los 169 que lograron sobrevivir a las enfermedades, los enfrentamientos con los pigmeos, los negreros árabes y la propia severidad de Stanley. Continuaron viaje hasta llegar al Lago Alberto, conocido también como lago Mobutu Sese Seko (situado al oeste de Uganda, considerado una de las fuentes del rio Nilo), donde las últimas informaciones situaban a Emin Pasha. Curiosamente un 18 de Abril de 1888, Stanley recibe una carta escrita por el propio Emin en la que según los rumores le consta que hay cierta expedición de rescate financiada con dinero belga. Por fin se produjo el encuentro entre ambos. El alemán que vestía y actuaba como un africano, no mostraba ningún tipo de miedo o preocupación por lo que todos suponían sus raptores, es más, le hizo saber que no había razón para ningún tipo de "rescate". Ante tal evidencia ya sólo quedaba convencer al alemán para su viaje de vuelta, al que se negó. En este punto muerto de la expedición, infructuosa, Stanley ya sólo tenía en mente su viaje de vuelta. Tras cruzar medio continente en busca de un hombre que se negaba a regresar y que nunca había sido secuestrado, Stanley pone rumbo a la costa oriental. En realidad, Emin Pasha lo que hizo fue llamar la atención de lo ingleses para que fueran en su ayuda. Tras abandonar Egipto sus posesiones en el Sudán, el primer ministro egipcio, ordenó al alemán, Emin Pasha, evacuar la provincia junto a los 10.000 soldados que habían sido repartidos por los diferentes fuertes. Desde ahí hasta Zanzíbar, el alemán hubiera tenido que atravesar algo más de 2000 km de territorio enemigo, por lo que lanzó una llamada de rescate al mundo y en especial al Reino Unido para que acudiera en su auxilio, hecho que cubrió la ya menciona expedición de Henry Morton Stanley.
A partir de este momento ambos europeos se separaran y emprenden el viaje de retorno cada uno por su cuenta, aunque por curiosidades del destino se reencontraron de nuevo muy cerca de Zanzíbar aunque tampoco para regresar juntos. Emin Pasha permaneció en la colonia alemana de Tanganica con el ofrecimiento de explorar su interior. Murió en 1892 durante su último viaje de exploración en tierras africanas, asesinado por un traficante de esclavos. Henry Morton Stanley continuó con su vida de reportero pero en tierras norteamericanas. Murió en Londres un 10 de Mayo de 1904. Su tumba en la iglesia de St. Michael en Surrey está cubierta por una losa de granito en donde puede leerse "Henry Morton Stanley, Bula Matari, 1841-1904, Africa". Bula Matari en lengua Kikongo (la lengua bantú hablada por los pobladores de los bosques tropicales de la República Democrática del Congo) significa "Breakstones" (El rompedor de rocas).
Works by Henry Morton Stanley
viernes, 4 de mayo de 2012
"Doctor Livingstone, supongo"
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| Stanley & Livingstone by Henry King. (1939) |
A veces la Historia nos sorprende con hechos realmente curiosos. El de hoy unió a dos hombres en un encuentro "nada casual". No existía ningún vínculo de amistad, ni de trabajo entre ellos, sino más bien un afán por los descubrimientos en una época en la que ser explorador era todo un oficio. Aquellos fueron días gloriosos para la conquista del territorio y también fueron días que muchos hubieran querido olvidar y borrar de sus vidas.
Pero comencemos por conocer el hecho que les presentó. A mediados del siglo XIX llegaron a África procedentes de Europa todo un elenco de personajes, desde misioneros, exploradores, agentes comerciales a déspotas ilustrados que perseguían su ego en las entrañas del continente. Por entonces África era el último pedazo de tierra desprovisto de demarcaciones y nombres, los espacios en blanco ocupaban la totalidad de mapas y el desconocimiento de su orografía sumaban otra dificultad para su exploración. No existían mapas indicativos de ríos, lagos, montañas y menos aún de carreteras. Aquello se convirtió en un misterio para el hombre blanco.
Uno de los primeros en llegar fue David Livingstone (1813-1873), escocés de nacimiento y misionero de profesión. Pertenecía a la Iglesia Congregacional o lo que es lo mismo, cualquier iglesia protestante de origen calvinista que practica el gobierno "congregacionalista", es decir, que cada uno maneja sus asuntos de manera independiente y autónoma. A Livingstone se le considera a día de hoy como uno de las mayores figuras de la historia de la exploración, ya no sólo por sus estudios en el campo de la zoología, botánica y geología, sino porque fue el primer "blanco" en divisar en el año 1855 lo que la tribu de los Makololo llamaban humo que truena, es decir las cataratas del Zambeze, lo que todos conocemos por Cataratas Victoria (en honor a la reina Victoria de Inglaterra). A partir de este descubrimiento cambiaron por así decirlo las preferencias y los ideales de Livingstone. Su labor evangelizadora pasó a un segundo plano. Es entonces cuando siente que África le ha atrapado y necesita seguir descubriendo territorios y abrir nuevas vías de comunicación. Para ello viaja de nuevo a Inglaterra solicitando fondos para su siguiente expedición y de paso "dimitir" de la sociedad misionera a la que había pertenecido. Entre los años 1858 y 1863 exploró la zona comprendida entre el lagoo Nyassa y el río Zambeze, clave por su navegabilidad y arteria principal de la zona. De ahí pasaron a los rápidos de Kabrabasa sufriendo grandes dificultades, y si a esto le añadimos la aparición de enfermedades en los miembros de la expedición, el fracaso de la misma era ya un hecho. Su esposa Mary y su hermano Charles murieron de disentería y encima el encontronazo con el mayor comerciante de esclavos de toda África, un tal Tippu Tip, les hizo plantearse su vuelta a Inglaterra.
Por entonces el Imperio Británico en su afán colonizador no se conformaba con haber descubierto el nacimiento del río Nilo por parte del oficial John Hanning Speke. Londres necesitaba corroborarlo y la Royal Geographical Society lo ansiaba, tarea que le encomendó a Livingstone.
De nuevo en África la expedición toma rumbo desde Zanzibar al interior del continente, pasando por Tanzania y adentrándose en los lagos Bangweulu y Moero y el río Lualaba, identificados erróneamente como el Nilo y que en realidad constituían la cabecera del rio Congo.
Es a partir de este momento cuando se le pierde la pista a Livingstone. La primera vez que llegó a África nuestro hombre contaba con la edad de 28 años y desde entonces hasta ahora llevaba más tiempo viviendo en África (entre una y otra expedición) que toda su infancia y adolescencia en Inglaterra. Nadie sabía nada de él, no llegaban noticias de ninguna expedición que le hubiera visto, no se recibían cartas, no había señales que indicasen que seguía vivo, pero es que tampoco nadie le había visto morir. Livingstone había perdido el contacto con su otro "mundo".
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| Henry Morton Stanley |
Es ahora cuando aparece en acción la figura de un personaje clave en su búsqueda. El editor del New York Herald con sede en París le pide a su corresponsal, Henry Morton Stanley que busque a Livingstone, esté donde esté. De esta manera nos relata Stanley sus primeras impresiones sobre tan "inusual" encargo por parte de su periódico:
"El 16 de Octubre del año 1869, cuando me hallaba en Madrid y en mi casa de la calle de la Cruz, me presentó mi criado a eso de las diez de la mañana, un parte telegráfico expedido por el señor James Gordon Bennet, director del New York Herald, de quien yo era corresponsal. Rasgué el sobre y leí lo que sigue: "Vuelva a París, asunto importante" .Cuando llegué a París fuí directamente al Gran Hotel, donde estaba alojado entonces el director del New York Herlad; llamé a su puerta y contestó una voz:
-Entre
El señor Bennet estaba acostado pero se pudo al momento su bata y me preguntó:
-¿Quién es usted?
-Stanley
-Ah! ya sé; tome asiento; se trata de confiarle una misión importante. ¿Dónde piensa que se halla Livingstone?
-Verdaderamente, no puedo decirle nada, caballero.
-¿Cree que ha muerto?
-Es posible que si; puede ser que no.
-Pues a mí me parece que está vivo y que se le podría encontrar y le envío en su busca.
Stanley pone rumbo a Zanzíbar organizando una expedición a la aldea de los Ujiji, cerca del lago Tanganica. Parece ser que las últimas noticias que se tuvieron de Livingstone le ubicaban muy cerca de esta zona, pero nadia había vuelto a saber nada sobre él, la única pista con la que contaba Stanley era la poca información que iba recopilando en aldeas diseminadas por tan vasto territorio. Por fin y tras meses de búsqueda se produjo el encuentro:
"Mientras avanzaba lentamente, pude observar su palidez y su aspecto de fatiga: llevaba un pantalón gris, un chaquetón rojo, y una gorra azul con galoncillo de oro. Hubiera querido correr hacia él, pero me sentí cobarde ante aquella multitud; hubiera querido abrazarle pero él era inglés y yo ignoraba cómo me recibiría. Hice pues lo que me inspiraron la cobardía y un falso orgullo; me acerqué deliberadamente y dije descubriéndome:-¿El Doctor Livingstone, supongo?
-Sí, caballero-contestó con benévola sonrisa, descubriéndose a su vez.
Entonces nos estrechamos las manos".
Stanley encuentra a Livingstone en un estado deplorable. Enfermo y sin apenas recursos deciden dirigirse juntos al rio Tanganica. Tras varios meses de expedición y cansados, Stanley decide regresar a Inglaterra, no así Livingstone, que no cesaba en su búsqueda del nacimiento del rio Nilo. Tras su separación las cosas volvieron a empeorar. Livingstone cae enfermo de malaria, eso, junto a una hemorragia motivada por una disentería acaban con la vida de tan ilustre explorador. Su muerte se produce el 1 de Mayo de 1873 en un pequeño poblado del lago Bangweulu, en Zambia. Se podría calificar la vida de Livingstone como una gran viajera, pero ¿y su muerte?. Para repatriar su cadáver decidieron conservarlo en sal hasta llegar a la costa del Índico, desde allí un barco lo transportaría hasta Inglaterra, donde fue enterrado en la Abadía de Westminster. Lo más asombroso de todo es que los nativos de la aldea donde murió se quedaron con su corazón para enterrarlo debajo de un árbol, porque todos decían que "su corazón ya formaba parte de África".
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| David Livingstone |
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