El alma que ha visto, lo mejor posible, las esencias y la verdad, deberá constituir un hombre, que se consagrará a la sabiduría, a la belleza, a las musas y al amor. Platón, Fedro o de la belleza.
Perhaps he knew, as I did not, that the Earth was made round so that we would not see too far down the road. Isak Dinesen
Sólo vemos lo que miramos. Mirar es elegir. John Berger
Y cogeré hasta el final de los tiempos, las plateadas manzanas de la Luna, las doradas manzanas del Sol. William Butler Yeats

martes, 7 de abril de 2020

La luna y su sombra




"Esta noche la Luna está más cerca que nunca. 
Viste de un color anacarado, de marfil y cauri, conchas de nácar y madre perla. 
Mira de frente la Luna, esbelta, redonda y mágica. 
Su cara triste oculta un bostezo de amor y su agua, enigmático manantial, esconde un anhelo y un secreto. 
Se acerca la Luna con un sentimiento vital y marcha en pena su sombra para no regresar en años, lustros, decenios de edad. 
Te miro y no te creo, no consigo acariciarte, es tu luz un deseo de oscuro añil y es tu reflejo un sueño constante".
(La Luna y su sombra. Beatriz Canabal)




miércoles, 12 de febrero de 2020

El jinete pálido


Hospital de campaña. Funston (Kansas). 1918.

LLevamos semanas escuchando en las noticias la amenaza mundial que supone para la especie humana el contagio y propagación de un virus llamado "coronavirus", una nueva cepa del mismo que hasta ahora se desconocía. Los síntomas son similares a cualquier gripe, tos y dificultad para respirar, fiebre, insuficiencia renal, lo que puede desencadenar  incluso en la muerte.
Los coronavirus, como así los llaman, se pueden propagar de animales a personas (transmisión zoonótica). Sabemos que hubo contagios de la civeta (una especie de mamífero carnívoro, parecido al mapache y que vive en la India, Sur de China e Indochina), o del pangolín, otro mamífero pequeño, cubierto de escamas, cuyo comercio ilegal está muy extendido en países del Sureste asiático.

Pangolín

Las propagación de una pandemia no es cosa del pasado. Cuando hablamos de una enfermedad que, de repente se expande y contagia a una gran parte de la población, nuestras mentes viajan al pasado, a ese año nefasto para la población europea, al 1348, año de la peste negra. Aquel brote vino de Oriente, desde donde pasó a las ciudades italianas que mantenían una gran actividad marítima y mercantil con esas zonas de Oriente Medio y Asia. En éste caso la enfermedad la transmitían las pulgas y piojos alojadas en los cuerpos de las ratas y otros roedores. La Peste Negra acabó con un tercio de la población europea, unos 20 millones de personas. 



En el 1918, en pleno ecuador de la I Guerra Mundial, se produjo una de las pandemias más mortíferas para la Humanidad. Hablamos de la conocida como "Gripe española", llamada así erróneamente con el fin de ocultar su efecto más devastador entre los países que participaron en la Gran Guerra. España, al declarase neutral no tuvo reparos en informar abiertamente sobre los terribles efectos de dicha enfermedad, caso contrario al resto de países europeos, que inmersos en la guerra optaron por ocultar sus efectos bajo una estricta censura militar.
El primer caso de gripe española apareció en los EE.UU, concretamente en el campamento de Funston en Fort Really, (Kansas), un soldado que se preparaba para ir a la Gran Guerra. Paralelamente, en Francia, apareció otro segundo brote, enfermando de manera irrefrenable soldados y población civil. Ambos bandos, alemanes y franceses pensaron, incluso,  que se estaban enfrentando a un arma biológica. -¡Es una venganza por el gas mostaza!-pero esa enfermedad en realidad estaba en el aire, en el tacto...era indudablemente "la  gripe".



Por entonces, en España, la zarzuela trajo una canción que terminó haciéndose muy famosa, ésta era, "La canción del olvido. Soldado de Nápoles" de José Serrano. Así fue como el pueblo de Madrid, ante la adversidad, adjudicaron "otro" nombre a la temible enfermedad. A la gripe española se la empezó a conocer como "Soldado de Nápoles", quizás para contrarrestar el dolor ante tanta muerte y enfermedad...la letra hizo el resto.




La mayor pandemia hasta entonces conocida acabó con la vida de 50 millones de personas, cinco veces más que la guerra.

* "El jinete pálido. 1918: la epidemia que cambió el mundo" de Laura Spinney (2018). 









domingo, 19 de enero de 2020

Hacia el Universo Incario




Regresar de un viaje siempre le despierta a una las ganas de otro y otro y otro... trazar un nuevo destino, elegir al azar nuevos países, paisajes, bosques, selvas, fijar la vista en el mapa mundi y soñar con volver a volar.
Mi reciente viaje a Perú ha supuesto una conquista personal de sensaciones, en total quince días por tierras del Altiplano Andino y El Amazonas peruano.
Cruzar el charco siempre envuelve un misterio, o por lo menos así me lo parece, y lo digo más que nada porque para mí era la primera vez que me embarcaba rumbo a las Américas y como entusiasta y conocedora de la cultura pre-colombina, me moría de ganas de pisar suelo incaico o cusqueño que para el caso es lo mismo.



La llegada a Lima duró un suspiro, lo justo para recoger maletas y buscar la puerta de embarque hacia Arequipa, esa ciudad concebida bajo la locura de los chamanes, o de los bien provistos de pulmones y ardor por las alturas. Así lo demuestran los 4.900 metros de altitud alcanzados en ese mirador tan estratégico que te permite tocar casi con las manos el volcán Misti o el Ampata, dos bestias de la naturaleza posadas sobre el aire y la inmensidad del terreno. Tuve suerte, no me dio el mal de altura conocido como "Soroche", pero el vértigo, el dolor de cabeza, la falta de orientación, la falta real de oxígeno,  y las ganas de descender a toda prisa se convirtieron casi en un deseo. Gracias a que existe el mate de coca, esa bendita y sagrada bebida que explica el que una civilización se asentara en tierras tan hostiles y que a día de hoy sea la razón por la que aguanten a tan escalofriante altura. Que una planta sea la respuesta evolutiva de un pueblo y su consiguiente adaptación a un terrero, creo que se merece el mayor de los respetos.



Tras la visita a la ciudad de Arequipa, el Cañón del Colca-famoso por el avistamiento de cóndores-y  un fugaz saludo a la momia Juanita, nos embarcamos en un bus nocturno hacia la preciosa ciudad de Cuzco. La llegada no puedo ser más agradable, desayuno en un hotel provisto de unas increíbles vistas a la ciudad y, así, entre mate de coca, riquísimos jugos de mango, papaya, tostadas y palta (aguacate), pusimos rumbo a la Plaza de Armas, corazón de la ciudad inca.

El Cusco, como así lo llaman, es algo más que una ciudad Patrimonio de la Humanidad. Sí, lo sé, los monumentos ya lo dicen casi todo, pero seguro que la sensación que yo tuve cuando empezaba a caminar por sus calles la habrán sentido otros muchos. El Cusco habla por si misma. Su perímetro es muy amplio pero el centro reúne y acumula un sentido propio, es como si sintieras el aliento del pasado recorriendo tu cogote. Las calles están llenas de vida, de artesanos, de niños, de ancianas con sus bolsas cargadas de flores, de carritos repletos de fruta camino al mercado de San Pedro, de turistas paseando y admirando su belleza, en definitiva, colores, sabores y muchas sensaciones se apoderan de ti.



Los siguientes días transcurrieron por los alrededores del Cusco, desde el conocido City Tour, haciendo parada en el espectacular sitio de Sacsayhuaman, la conocida como "fortaleza ceremonial"  a los yacimientos y ruinas arqueológicas del Valle Sagrado. De entre todos estos lugares tan emblemáticos me gusta destacar al gran Oyamtaytambo, y me refiero a él como si fuera un ser vivo que respira y siente,  lo digo porque quizás sean sus enormes y poderosas piedras las que hacen que tiembles sobre su estructura. Una poderosa nave ciclópea concebida y edificada por los dioses incas.

A partir de este punto el viaje ya adquiere otro significado. El universo incario comienza a tener un sentido propio, y digo esto porque una vez que has pisado estas ruinas tu forma de mirar el paisaje empieza a ser "otra". El siguiente destino es la joya de las joyas arqueológicas, es....es la hostia! (y lo siento por los más puristas pero no hay definición posible). Describir la subida al Machu Pichu y contemplar las ruinas al amanecer, creo que es "obligatorio" una vez en la vida, eso sí, ¡dense prisa!, parece ser que de aquí a dos años van a restringir la entrada a la ciudadela y ya sólo será visitable el primer tramo donde se localiza "la Casa del Guardián", lo justo para hacerte la "fotaza" y descender hacia el pueblo Aguas Calientes, el punto de partida y retorno hacia las ruinas.








De vuelta a Cusco, tras casi un día entero metidos en un bus local atravesando la cordillera andina, repusimos fuerzas para el siguiente y último destino, EL AMAZONAS.
Yo siempre quise ir al Amazonas-ese lugar mítico descrito por muchos- y esto me sucede desde que vi la película de "Fitzcarraldo" (1982) de Werner Herzog, una loca historia de música, naturaleza y aventuras, cuya acción se desarrolla a finales del siglo XIX. Su protagonista Brian Sweeny Fitzgerald, obsesionado por la ópera,  pretende construir un teatro en la selva. Para conseguirlo tendrá que hacer dinero con la industria del caucho, aunque la idea más surrealista supondrá transportar un enorme barco por el río, pasando por encima de una montaña. La película es fantástica a si que no se la pierdan...




Aterrizar en Puerto Maldonado fue como un sueño. Divisar a poca altura desde el avión la selva ya fue un subidón de adrenalina pero pisar tierra firme y sentir ese golpe de calor ya me introdujo con rapidez en otro mundo, un mundo hostil pero muy bello.












jueves, 23 de mayo de 2019

La belleza de los Castaños de Indias



"Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente; enfrentar solo los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar. Quise vivir profundamente y desechar todo aquello que no fuera vida...para no darme cuenta, en el momento de morir, de que no había vivido"

"I went to the woods because I wished to live deliberately, to front only the essential facts of life. And see if I could not learn what it had to teach and not, when I came to die, discover that I had not lived" 


Walden (1854) by Henry David Thoreau










Alameda de Segovia-Mayo 2019





sábado, 2 de marzo de 2019

Frío y huevos en la Antártida


Wilson, Bowers y Apsley

Cuando uno empieza a coger años comienza a tener esa sensación de haber (re)vivido cosas del pasado, y no lo digo como si yo fuera más vieja que Matusallen, ese personaje del Génesis que según cuentan vivió la friolera de 969 años, sino porque las anécdotas y las coincidencias comienzan a ser muchas. 

Estos días, un amigo muy querido, Mauricio y su compañera de viajes y vida, Patricia, se han topado en Londres y de forma "casual"con un objeto que viene de la Antártida...  
Hace años, acaso unos diez, en uno de mis pasados cumpleaños, Mauricio me regaló un libro muy curioso. El título original del libro era "The Worst journey in the world", "El peor viaje del mundo", y en él se relataban las memorias sobre la expedición a la Antártida, conocida también como Expedición Terra-Nova (1910-1913) dirigida por el gran Robert Falcon Scott. 


Terra Nova

El libro fue escrito y publicado en 1922 por un superviviente de la expedición, Apsley Cherry-Garrard en el que se detallaban las dificultades y las penurias de tan difícil destino, todo ello cargado de una realidad apabullante. Según me escribe Mauricio desde Londres, aquel viaje que él guarda en su memoria, llevó a tres de sus expedicionarios a lo largo de  una travesía hacia un criadero de pingüinos emperador, lugar en el que recalaron para apropiarse de varios de los huevos y llevárselos para su posterior estudio. Su objetivo consistía en la posible demostración y relación que existió entre los reptiles y las aves, partiendo de la idea o premisa de que el pingüino emperador podría ser el ave más primitiva...




La cosa curiosa surge cuando nuestros viajeros se topan de lleno (y como si de una serendipia se tratase) con unos de los  huevos de aquel viaje. 
Así lo describe Mauricio: Pues esa lectura me impactó porque narra que buscando esos huevos les pilló una ventisca de mil demonios que hizo que se les volara la tienda. Apsley iba con Bowers y Wilson, que morirían junto a Scott. Finalmente consiguió traer el huevo y el director del museo (donde en la actualidad se exhibe), tomó el espécimen y lo despachó sin darle importancia apenas. Apsley entró en cólera porque no sólo se había jugado la vida sino que algunos la perdieron...



Los tres famosos huevos

Así relata Apsley la dureza de la Expedición: Yo había llegado a un grado de sufrimiento tal que en el fondo que me daba igual morir si no sentía mucho dolor. Quienes hablan del heroísmo de los vagabundos no saben bien lo que dicen. Sería tan fácil morir...bastaría con una dosis de morfina, una grieta acogedora y un plácido sueño. El problema es seguir adelante".


Foto tomada por Mauricio. El "huevo" de la Expedición.


Unos días después los tres expedicionarios consiguieron llegar al campamento base dónde les esperaban sus compañeros. Al verles llegar, Scott escribió: "El grupo del cabo Grozier regresó anoche tras soportar durante cinco semanas las peores condiciones de viaje de la historia. Jamás he visto a nadie tan maltrecho. Tenían la cara surcada de cicatrices y arrugas, los ojos sin brillo, las manos blancas y arrugadas".   Y todo sucedió por la búsqueda de tres huevos de pingüino emperador que fueron devorados por la burocracia inglesa y que a día de hoy se encuentran en el almacén del Museo de Historia Natural de Londres. Bueno, a excepción de uno que lo han llevado a una de las salas en Exposición y del que Mauricio da fe de ello...


Apsley Cherry-Garrard

sábado, 9 de febrero de 2019

La magia del Teatro Price




Existió un lugar mágico en Madrid, un espacio donde la música, la danza, el baile, cobraron vida en los escenarios, un lugar en donde el tiempo se detenía para no volver jamás.
Hace ya unos años descubrí de forma casual el Gran Teatro Price, y fue gracias a un cartel en el que la gran artista anfibia, conocida como Miss Niágara, ofrecía un espectáculo acuático-imagino que nuestra sirena se sumergía en las aguas de una gran piscina diseñada para tan singular evento-.
Aquella noche del 18 de Junio de 1883, el palco y la platea del teatro estaban a rebosar y, tras bambalinas los nervios a flor de piel. No había mayor espectáculo en Madrid para esa incipiente noche de verano...




El Price se concibió como un teatro para una época y para una ciudad repleta de espectáculos circenses, ópera, dramas, zarzuelas, en donde la pasión del público por la diversión y el ocio hacían de éstas artes un foco de atracción.
El Price, como todos lo conocían, fue fundado en el año 1853 por el domador de caballos Thomas Price, un empresario circense irlandés "clown" y "écuyer" que llegó a la capital procedente de Londres.  Price se hizo popular gracias al barracón de caballos que tenía muy cerca de la Plaza de toros, donde actuaban célebres compañías acrobáticas.  Por entonces Madrid podía presumir de muchas cosas; como capital de España acogía a gentes llegadas de muchos rincones de la península, fruto del éxodo rural y la incipiente industria del país. El aumento demográfico hicieron todo lo demás.
La buena acogida del público le llevaron a Price a levantar su propio Teatro en 1868. Situado en el terreno de un antiguo jardín en el paseo de Recoletos, en lo que hoy sería la esquina de la calle Bárbara de Braganza.





A mi me hubiera gustado asistir como espectadora a la noche del estreno en el que Miss Niágara dejó atónitos a cuantos asistieran a verla, una clara precursora de nuestra querida Esther Williams, a la que todos adorábamos de pequeños.




El éxito del Teatro hizo que en el año 1880 se inaugurara otro Price. Muerto ya nuestro domador de caballos, Thomas, el negocio pasó a manos del también domador ecuestre William Parish, quien encargó el diseño al arquitecto Agustín Ortiz de Villajos. La nueva ubicación del Teatro sería la Plaza del Rey, donde ahora se ubica la sede del Ministerio de Cultura. A William Parish le sonrió la suerte, se casó con la ahijada de Price, Matilde de Fassi y de esa manera heredó el teatro y su dirección.

Orquesta Teatro Price, principios siglo XX


El Price pasó por diferentes etapas, desde un cambio en su nombre-en homenaje a su nuevo propietario-Circo de Parish-así como su reconstrucción por el bombardeo que sufrió durante la guerra civil que lo destruyó casi en su totalidad. Por sus escenarios han pasado todo tipo de artistas de diferentes épocas, desde espectáculos de revista con Mary Santpere, a conciertos legendarios como el de Prince, y otros recientes de artistas americanos como Sufjan Stevens, del que soy muy fan.




domingo, 18 de noviembre de 2018