Rose-lipt maidens, lightfoot lads (A.E Housman)
The silver apples of the moon,
The golden apples of the sun
(The song of wandering Aengus. W.B. Yeats)

martes, 21 de mayo de 2013

Francisco Bouligny, un alicantino en la Louisiana del XVIII



Estos días he sido partícipe de un viaje en el tiempo. Un grupo de americanos, miembros de la "Historic New Orleans Collection" están recorriendo las ciudades españoles que vieron nacer a los pobladores y colonizadores de la Louisiana del XVIII . Su objetivo es conocer en menos de quince días, las ciudades y los escenarios más representativos de estos ilustres personajes que formaron parte de la colonización de América del Norte, justo antes y después de la Guerra de Independencia de los EEUU (1775-1783). A mi me ha tocado divulgar la historia de un personaje: Francisco Bouligny, que bien podría protagonizar una novela de aventuras, tanto por su rocambolesca vida como  por su participación en una de las redes de tráfico de esclavos más polémicas de su tiempo. Nos situamos a principios del XVIII, justo cuando el último de los Reyes de la Casa de Habsburgo muere sin descendencia. Carlos II, popularmente conocido como El Hechizado, deja un reino sin Rey. Es justo en ese momento cuando los franceses y tras su victoria en la Guerra de Sucesión (1701-1713) ponen en el trono a Felipe V, un Borbón y un hombre caracterizado por una profunda melancolía, muy religioso y con un gran miedo al diablo.

Carlos II. W. Humer, óleo sobre lienzo. Finales XVII

Con un rey francés, España comienza a ser un destino fácil y de provecho para miles de galos emigrados del Sur, sobre todo de la ciudad de Marsella. Comerciantes, navegantes, taberneros, acuden en masa al litoral levantino para llevar a cabo sus negocios que les resultarían de lo más lucrativo. Una de esas familias era la formada por José Bouligny y su mujer Inés Largier, descendientes de italianos. Su apellido se afrancesó con los años, de Bolonini pasó a Bouligny, y de Marsella a Alicante. El matrimonio tuvo un hijo, Juan que se casó con María Paret y de cuya unión nacieron nada menos que dieciséis hijos, modelo representativo de las familias del Antiguo Régimen demográfico. La numerosa familia fundó la Compañía Bouligny al calor de la prosperidad del puerto de Alicante, llegando a ser la principal casa de comercio local durante el siglo XVIII.   De entre los numerosos hermanos, José, Juan y Francisco destacaron de manera sobresaliente. Este trío avanzado fue precursor en equipo del primer papel moneda, del Banco de San Carlos, futuro Banco de España, y junto con un puñado de amigos y socios de la más completa y ordenada trama de comercio de esclavos africanos que jamás hubo en el País Valenciano (Viçent Ribes "Bouligny la familia de la Raó").


Vista del puerto. Alicante hacia 1900. Colección Manuel Cantos

José Bouligny redactó dos libros muy vanguardistas para la época: "Medios para fomentar el comercio activo y la industria popular" y "El caso de Alicante y disertación sobre la utilidad de los billetes de Estado", libros que nadie valoró en su época. Juan Bouligny se casó con Elena Marconi, hija del cónsul galo desplazado en Madrid. Fue nombrado primer embajador de España ante el Imperio Otomano en 1779. Y llegamos a nuestro personaje, Francisco Bouligny, un alicantino en la colonización de Louisiana. La carrera militar de Francisco comenzó en 1758 cuando se alistó como cadete de Infantería en el Regimiento de Zamora. Estos primeros años en la milicia coincidieron con la Guerra de los Siete años (1756-1763) en la que España entraría en 1762. Francisco comienza su andadura militar en América. Primero es enviado a La Habana en 1763 donde permanecería seis años, pasando después a Louisiana como coronel y traductor de francés. La Guerra de los Siete Años había dejado a Francia sin parte de sus más preciadas colonias en América tras perder la guerra contra los ingleses. Los tratados de paz que pusieron fin a la guerra representaron una victoria para Gran Bretaña y Prusia, y para Francia la pérdida de la mayor parte de sus posesiones en América y Asia.

Washington crossing the Delaware by E. Leutze. 1851

Canadá, los territorios al este del Misissipi y los Montes Apalaches pasan a manos inglesas. España les cede de la misma manera La Florida a cambio de que ellos retiren las tropas estacionadas en Manila (Filipinas). Los franceses compensaron a los españoles entregándoles Louisiana junto con su capital New Orleans por haberles apoyado durante la guerra. Respecto a Francia, la pérdida no fue sentida como una catástrofe, la colonia principal francesa del Mar Caribe, Puerto Príncipe (Haití), producía la mitad del azúcar consumido en todo el mundo,y su comercio con África y las Antillas estaba en pleno apogeo.  Francisco Bouligny comienza a sentirse más que a gusto con su nuevo destino, al poco de llegar y en su condición de militar toma contacto con la alta burguesía de la ciudad, lo que le da el pasaporte hacia el matrimonio con la joven María Luisa de Seneschal D´Auberville, hija del Comisario de Marina. Al Gobierno español le preocupaba el movimiento de independencia iniciado en las colonias inglesas de América del Norte. La posición geográfica de Louisiana era decisiva pero la Corte española apenas tenía conocimiento de las posibilidades reales de aquella colonia. Francisco decide escribir una Memoria descriptiva sobre el territorio con tres objetivos claves: conocer el tipo de población que habita la colonia, reactivar el comercio y estrechar lazos de amistad con los Indios de la zona. La situación se vuelve insostenible, en 1776 estalla la guerra entre Inglaterra y las Trece Colonias. España toma partido en 1779 a favor de los rebeldes así como Francisco que se enfrenta a los ingleses en las famosas batallas de Pensacola, Mobile y Baton Rouge (todas estas conquistas significaron la vuelta a España de la Florida Occidental). Bouligny fue un militar valeroso, hombre culto e inteligente, así lo describe el historiador Gilbert Gin. Sus ganas de destacar como militar le llevaron a la fundación de Nueva Iberia (New Iberia), la única ciudad que subsiste en el actual Estado de Louisiana de creación española, con una población actual de unos 33.000 habitantes. Los pobladores de este singular asentamiento provenían en su mayoría de Málaga y se dedicaban al cultivo del cáñamo y lino. A día de hoy New Iberia es una pequeña población que vive de sus fábricas de envasado de salsa de tabasco y de sus depósitos de sal.
Por fin una Real Orden del 4 de Septiembre de 1800 le reconoce su ascenso como Gobernador, pero el nombramiento llegó a New Orleans poco después de su muerte, el 25 de Noviembre de ese mismo año.

Common Street. Louisiana

Calliope Street. Louisiana

Historic New Orleans Collection
Archivo Municipal de Alicante

jueves, 18 de abril de 2013

Hacia los Templos de Bagán en Birmania (II)

Fotos tomadas durante el viaje a Birmania 2004, desde Mandalay descendiendo por el río Irrawaddy hasta el Reino de Bagán.













martes, 19 de marzo de 2013

El libro más caro del mundo


Flamingo

¿Es posible pagar por un libro impreso la cantidad de 11,5 millones de dolares?
En Diciembre de 2010 una rara primera edición del libro ilustrado "The Birds of America" (Los Pájaros de América) de Jonh James Audubon (1785-1851), formado por cuatro monumentales tomos, se vendió en la casa de subastas Sotheby´s por ese precio. Los expertos consideran que de esta obra maestra del arte de la ornitología producida entre 1828-1838 se conservan 120 ejemplares, de éstos, 107 están en instituciones y 13 en bibliotecas privadas. La obra está compuesta por 435 impresiones de 99 cm por 66 cm a tamaño natural y 497 especies de aves, realizadas con placas grabadas en cobre basadas en las acuarelas originales de Audubon.


Supongo que ojear unos de estos ejemplares debe ser impresionante, no niego que me gustaría, más bien me encantaría, sobre todo por el contenido artístico de la obra. Cientos, miles de aves dibujadas con gran maestría. La viveza de los colores y las formas se transforman en un viaje fantástico al pasado, a un paraíso envuelto en placeres. Así debió de ser porque el autor mezcla en su obra todo un universo mágico y terrenal de aves y plantas exóticas.


John James Audubon no lo tuvo fácil. Como hijo ilegítimo de un capitán de navío francés y su amante le tocó criarse con su madrastra (por la que no sentía mucho afecto) en la Francia Revolucionaria. Tras sortear múltiples dificultades económicas consigue un pasaje a los Estados Unidos en 1803 gracias a un pasaporte falso, por lo que se libró de las Guerras Napoleónicas y de una muerte casi segura. Su pasión por la naturaleza y los viajes le llevaron a recorrer gran parte del continente americano. Se sabe que recorrió desde Pensilvania y Kentucky hasta el río Missisipi; provisto de su arma, sus pinturas y un asistente se fijó un objetivo: encontrar y pintar todas las aves de América del Norte.



Audubon utilizaba la técnica del disparo para pintar las aves. Primero realizaba un disparo fino para evitar hacerlas pedazos y después las sujetaba con un alambre. De ésta manera conseguía captar el más mínimo detalle del plumaje y de las formas del ave como queda plasmado en sus dibujos. A día de hoy no es una técnica muy conservadora de las especies, pero hablamos del siglo XIX donde la preocupación por el medio ambiente y las especies en extinción no era tema de conversación. Uno de sus biógrafos Duff Hart-Davis revela "cuanto más rara era el ave, con mayor impaciencia la perseguía Audubon, sin preocuparse aparentemente porque su muerte acercase un poco más a la especie en su extinción". The Birds of America incluye imágenes de seis aves ahora extintas: la cotorra de Carolina, la paloma migratoria, el pato del Labrador, el alca gigante, el zarapito esquimal y el urogallo grande.


Los ingresos no eran suficientes para la familia Audubon. Mientras su mujer continuaba como tutora para las familias ricas de las plantaciones, Audubon fracasaba una y otra vez en la publicación de su obra. Ningún editor la quería debido en parte a las enemistadas que él mismo tenía con los principales científicos de la ciudad de Filadelfia y de la Academia de Ciencias Naturales.
Había llegado el momento de emigrar de los Estados Unidos y poner rumbo a Inglaterra. En 1826 Audubon decide marcharse a Londres y probar suerte con sus dibujos. El éxito fue inmediato, los ingleses por entonces no tenían suficientes imágenes de la flora y fauna de los EE.UU, por lo que acabaron entusiasmados con su obra, incluso le dieron un apodo "The American Woodsman".





Por fin llegó el dinero para publicar The Birds of America. La obra se plasmó sobre láminas de gran tamaño, grababas  y pintadas a mano. Publicada en cuatro volúmenes, comprende 435 láminas a color con 1055 dibujos de pájaros en tamaño natural. Georges Cuvier (naturalista francés) la definió como "el más bello monumento que el arte haya elevado nunca a la naturaleza". Cinco volúmenes de texto titulados Ornithological Biographies acompañan las láminas incluyendo información sobre cada especie.
Durante su estancia en Edinburgo en busca de suscripciones para su libro, hace una demostración de su método de usar alambres para mantener a las aves muertas. Entre los asistentes a la demostración, en el Wernerian Natural History Association junto al profesor Robert Jameson se encontraba un jovencísimo Charles Darwin.


Tras su estancia en Londres y Edimburgo decide en 1831 regresar a América con la fama de ser el más grande naturalista de su país. Durante los próximos años, Audubon continuará haciendo expediciones por toda Norteamérica, incluso abre una tienda de comestibles en Louisville siendo testigo del terremoto de Nueva Madrid, en el estado de la actual Misuri.
John James Audubon murió en New York un 27 de Enero de 1851. Está enterrado en Trinity Churchyard entre la calle 155 y Broadway, en Manhattan.


The Birds of America. Catálogo de 435 planchas


lunes, 18 de febrero de 2013

Madame Ginoux

L´Arlesiana. Van Gogh 1888. Óleo sobre tela.. Metropolitan Museum of Art, New York

"Hace unos años vi en una exposición un cuadro en cierto modo atractivo y valioso, La arlesiana de Van Gogh, el retrato de una mujer de pueblo, no guapa por estar entrada en años, que, tranquilamente sentada en una silla, mira seria y ensimismada. Lleva una falda de las que se ven todos los días y sus manos son tan corrientes que apenas se les presta atención, porque en modo alguno parecen bellas. Tampoco una modesta cinta en el pelo parece es nada del otro mundo. El rostro de la mujer denota dureza. Los rasgos de su rostro traslucen múltiples y graves experiencias.
Confieso de buen grado que al principio sólo pretendía contemplar por encima del cuadro, que juzgué una obra muy intensa, para seguir andando lo más deprisa posible y ver otros objetos, pero algo especial me sujetó por los brazos, valga la expresión. Preguntándome qué belleza encerraba, me persuadí de que había que compadecer al artista que derrochó tamaña laboriosidad en un asunto tan trivial y carente de gracia. Me pregunté si me me gustaría poseer el cuadro; pero no me atreví a responder afirmativa ni negativamente a la curiosa pregunta.
Además me planteé la cuestión, apariencia fácil y en absoluto injustificada, de si existía siquiera en nuestra sociedad un lugar adecuado para cuadros como esta arlesiana, porque nadie podía haber encargado obra así; más bien es obvio que el artista se hizo el encargo a sí mismo, y después pintó lo que quizá o desee tener nadie. ¿Quién tendría interés en colgar en la habitación un cuadro tan banal?
Tiziano, Rubens, Cranach, me dije a mí mismo, han pintado mujeres maravillosas, y al decirme ésto, nuestro artista, que sin duda experimentaba más dolor que alegría de vivir, y ésta época nuestra, en cierto sentido complicada y triste, me hicieron daño, por así decirlo.
Es verdad que el mundo, seguramente adquirirá una renovada belleza, y alegres esperanzas florecerán siempre de nuevo. Nadie pretende discutir que hasta entonces vivamos en circunstancias casi precarias.
A pesar de que alrededor del cuadro de Van Gogh alentaba algo triste o molesto, de que las duras condiciones parecen resaltar a su lado o tras él, no con nitidez, pero sí con bastante claridad, me alegraba, pues el cuadro es una obra maestra. El color y la pincelada revelan un vigor extraordinario, y la factura es excelente. El cuadro contiene, entre otras cosas, una maravillosa pieza roja de primorosa soltura. El conjunto, sin embargo, encierra más belleza interna que externa. ¿No hallan también ciertos libros mala acogida porque son esquivos, es decir, porque es difícil asignarles un valor? A veces la belleza no se muestra lo suficiente.
El cuadro de Van Gogh me pareció una narración seria. De repente la mujer empezó a hablar de su vida. En otro tiempo era una niña e iba al colegio. Qué bonito es ver todos los días a los padres y que los maestros te inicien en toda clase de conocimientos. Qué alegres y luminosas eran la clase y la relación con las compañeras. Qué dulce y dichosa es la juventud!
En otro tiempo los rasgos duros fueron blandos, y esos ojos fríos, casi malvados, amables e inocentes. Ella era tanto y tan poco como tú. Tan rica en esperanza e idéntica en pobreza. Un persona como todos nosotros, a la que sus pies llevaron por muchas calles claras de día y oscuras de noche. También acudiría con frecuencia a la iglesia o a bailar. Con qué asiduidad no abrirían sus manos una ventana o cerrarían una puerta! Este tipo de cosas y otras similares hacemos tú y yo a diario, ¿verdad?, y ahí reside la futilidad, pero también la grandeza. ¿Tendría una amante que la colmaría de alegría y de preocupaciones? Ella escuchaba atenta el sonido de las campanas y sus ojos captaban la belleza de las ramas en flor. Transcurrieron mese, años, veranos, inviernos...No es muy sencillo todo esto. Llevó una vida esforzada. Un buen día un pintor, que al fin y al cabo, sólo es un pobre creador, le dijo que le gustaría pintarla. Posa, pues, para él y se deja retratar con serenidad. No le resulta un modelo indiferente, pues al pintor ninguna persona le es indiferente. La pinta tal como es, con absoluta sencillez y sinceridad. pero sin mucha intención algo grande y elevado irrumpe no obstante en el sencillo cuadro, una seriedad anímica imposible de soslayar.
Después de haber memorizado el cuadro a conciencia , fui a casa y escribí un artículo sobre él para la revista Arte y artistas. El contenido del artículo se ha ido volando, por lo que deseo recuperarlo y así lo he hecho con éstas líneas".
Ante la pintura. Narraciones y otros poemas. Robert Walser (1878-1956). Libros del Tiempo. Ediciones Siruela. 2009. 



viernes, 25 de enero de 2013

Viêtnam "In Paradisum"

video

Fotos tomadas durante el viaje por Viêtnam en Septiembre y Octubre de 2001. Empezando por el Sur, el Delta del Mekong, Saigón, Da-Lat, Playa de China, Hué, Halong Bay, Sapa y finalizando en Hanoi, al Norte del país.

miércoles, 9 de enero de 2013

Iván Yakovlevitch Bilibine, el gran ilustrador de cuentos rusos.



Diseño escénico para la ópera Le coq d´Or  (1909)

"Añorar el pasado es correr tras el viento" (Proverbio ruso)
No llega el frío y a mi me da por ver nieve donde no la hay, por leer a Colin Thubron y su magnífico relato de viajes sobre Siberia, por interesarme por la madre Rusia y por volver a ver varias veces en el mismo día "Los hermanos Karamazov"  (1958) de Richard Brooks y a un magnífico Yul Brynner interpretando el papel de Dimitri, el hermano que derrocha el dinero en juergas, en bebida y que termina "desesperadamente" enamorado de Grushenka.
Pero todo esto viene a colación por el descubrimiento de otro ilustre ruso: Iván Yakovlevitch Bilibine (San Petersburgo 1876-1942). Es de suponer que a todos de pequeños nos han leído o hemos leído alguna leyenda popular rusa. A mi me encantaba un relato "Las aventuras de Vania el forzudo" de Otfried Preussler, en el que un joven campesino ruso debe superar varias pruebas de gran exigencia para acceder al trono.

Iván Tsarévich atrapando la pluma del pájaro de fuego  (1899)

Pero regresemos a nuestro personaje de hoy. Iván Bilibine fue uno de los ilustradores más influyentes del siglo XX. Hechiceras, animales que hablan, príncipes, hadas, doncellas, forman parte de las leyendas populares rusas. Todo este elenco fantástico adquirieron cara y cuerpo gracias a las ilustraciones de Bilibine, especializado en cuentos folclóricos rusos, en decorados y en vestuarios de ballet. Bilibine inaguró un estilo de ilustración nuevo, marcado por la cultura oral y las referencias históricas. Comenzó muy joven a interesarse por la pintura. Estudió con Iliá Repin (1844-1930), un destacado pintor y escultor ruso del movimiento artístico Peredvizhinki, enmarcado en el realismo. La potencia artística que generó el cambio de siglo le llevaron a acercarse a movimientos como el Art Nouveau, el Expresionismo y el grabado japonés de finales del XIX. Entre 1902 y 1904 realiza una serie de viajes por el Norte de Rusia, donde queda fascinado por la arquitectura antigua de madera y el folclore ruso, publicando sus hallazgos en la monografía Artes folclóricas.

El jinete rojo de Vasilisa la Hermosa (1899)

Bibiline destacó sobre todo por la precisión histórica con la que trata a los personajes de los cuentos, los cuales son un bello retrato de su imaginación. Bilibine hizo un excelente trabajo de interpretación sobre las pinturas medievales rusas, de ellas extrajo los vestidos, los peinados, los paisajes, los bosques, las casa de madera, los palacios, todo un perfecto decorado de cuento.

Vasilisa la Hermosa (1899)

Sadko

El estallido de la Revolución rusa de 1905 convulsiona a la sociedad rusa. El objetivo de la marcha era entregar al zar una petición de mejoras laborales y no respondía a ninguna consigna política, era fundamentalmente campesina y obrera. La sangrienta represión provocó una oleada de protestas en toda Rusia. Bilibine aprovecha el momento para sacar una serie de caricaturas revolucionarias, así como carteles propagandísticos. No se sabe mucho más de su papel en la Revolución como ilustrador, lo que si sabemos es que a partir de este hecho se exilia a El Cairo y Alejandría. Tras su estancia en Egipto decide fijar su residencia en París junto a su esposa Alexandra Chtchekana Potoskaia, donde trabaja como decorador de ballets, óperas y representaciones teatrales.  Lo último que se supo de él es que regresó a San Petersburgo (entonces, Leningrado) en 1935, muriendo en 1942 durante el sitio alemán.

Retrato de Iván Bilibine por Boris Kustodiev (1901)

The Brothers Karamazov

martes, 1 de enero de 2013

Las plateadas manzanas de la Luna, las doradas manzanas del Sol


Scaramouche (2012). Pedro Canabal


The song of wandering Aengus

I went out to the hazel wood,
Because a fire was in my head,
And cut and peeled a hazel wand,
And hooked a berry to the thread;
And when white moths were on the wing,
And moth-like stars were flickering out,
I dropped the berry in the stream
And caught a little silver trout.
Salí al bosque de avellanos,
Porque tenía un incendio en mi cabeza,
Y corté y pelé una rama de avellano,
Y enganché una baya al hilo;
Y mientras volaban las polillas blancas,
Y estrellas como polillas titilaban,
Eché la baya en el arroyo
Y atrapé una pequeña trucha dorada.
When I had laid it on the floor
I went to blow the fire aflame,
But something rustled on the floor,
And some one called me by my name:
It had become a glimmering girl
With apple blossom in her hair
Who called me by my name and ran
And faded through the brightening air.
Cuando la hube dejado en el suelo
Fui a encender el fuego,
Pero algo susurró en el suelo,
Y alguien me llamó por mi nombre:
Se había convertido en una muchacha de tenue brillo
Con flores de manzano en su cabello
Que me llamó por mi nombre y corrió
Y se desvaneció entre el aire que aclaraba.
Though I am old with wandering
Through hollow lands and hilly lands,
I will find out where she has gone,
And kiss her lips and take her hands;
And walk among long dappled grass,
And pluck till time and times are done
The silver apples of the moon,
The golden apples of the sun.
Aunque ya estoy viejo de vagar
Por tierras bajas y tierras montañosas,
Descubriré dónde se ha ido,
Y besaré sus labios y tomaré sus manos;
Y caminaré por la larga yerba de colores,
Y cogeré hasta el fin de los tiempos
Las plateadas manzanas de la luna,
Las doradas manzanas del sol.