El alma que ha visto, lo mejor posible, las esencias y la verdad, deberá constituir un hombre, que se consagrará a la sabiduría, a la belleza, a las musas y al amor. Platón, Fedro o de la belleza.
Perhaps he knew, as I did not, that the Earth was made round so that we would not see too far down the road. Isak Dinesen
Sólo vemos lo que miramos. Mirar es elegir. John Berger
Y cogeré hasta el final de los tiempos, las plateadas manzanas de la Luna, las doradas manzanas del Sol. William Butler Yeats

lunes, 23 de junio de 2014

El nadador


Burt Lancaster. The Swimmer

-Se arruinaron de la noche a la mañana; no les quedó más que su sueldo, y él apareció borracho un domingo y nos pidió que le prestáramos cinco mil dólares...
Siempre hablando de dinero. Aquello era peor que llevarse el cuchillo a la boca. Ned se zambulló en la piscina, hizo un largo y se marchó.
La siguiente piscina de la lista, la antepenúltima, pertenecía a su antigua amante, Shirley Adams. Si había sufrido alguna herida en casa de los Biswanger, aquél era el lugar ideal de curarla. El amor--los violentos juegos sexuales, para ser más exactos--era el supremo elixir, el remedio contra todos los males, la píldora mágica capaz de rejuvenecerlo y de devolverle la alegría de vivir. Habían tenido una aventura la semana pasada, o el mes último, o el año anterior. No se acordaba. Pero había sido él quien había decidido acabar, y eso lo colocaba en una situación privilegiada, de manera que cruzó la puerta de la valla que rodeaba la piscina de Shirley repleto de confianza en sí mismo. En cierta forma, era como si la piscina fuese suya, porque la persona amada, especialmente si se trata de un amor ilícito, goza de la posesión de la amante con una plenitud desconocida en el sagrado vínculo del matrimonio. Shirley estaba allí, con sus cabellos color de broce, pero su figura, al borde del agua de color azul intenso, iluminada por la luz eléctrica, no despertó en él ninguna emoción profunda. No había sido más que una aventurilla, pensó, aunque Shirley lloraba cuando él decidió romper. Pareció turbada al verlo, y Ned se preguntó si se sentiría aún herida. ¿Acaso iba, Dios no lo quisiera, a echarse a llorar de nuevo?
-¿Qué quieres?-le preguntó ella.
-Estoy nadando a través del condado.
-¡Santo cielo! ¿Te comportarás alguna vez como una persona adulta?
-¿Se puede saber que te pasa?
-Si has venido buscando dinero-dijo ella-, no voy a darte ni un centavo.
-Puedes darme algo de beber.
-Puedo, pero no quiero. No estoy sola.
-Bueno me marcho enseguida.
Ned se tiró al agua e hizo un largo, pero cuando intento alzarse hasta el borde para salir de la piscina, descubrió que sus brazos, no tenían fuerza; llegó como pudo a la escalerilla y salió del agua. Al mirar por encima del hombro, vio a un hombre joven en los vestuarios iluminados. Al cruzar el césped-ya se había hecho completamente de noche-le llegó un aroma de crisantemos o caléndulas, decididamente otoñal, y tan intenso como el olor a gasolina. Levantó la vista y comprobó que habían salido las estrellas, pero ¿por qué tenía la impresión de ver Andrómeda, Cefeo y Caisopea? ¿Qué se había hecho de las constelaciones de verano?  Ned se echó a llorar.
Era probablemente la primera vez que lloraba en toda su vida de adulto, y desde luego la primera vez en su vida que se sentía tan desdichado, con tanto frío, tan cansado y desconcertado.
El nadador, Cuentos completos. John Cheever. Ed. RBA 2012

(Nota: esta entrada se la dedico a mi querida amiga Mati. A ella le encantaba leer a John Cheever, pasear al atardecer, bebernos unas cañas o unos buenos Gin-Tónics (si se terciaba) y hablar  de lo que fuera...; Pero hay una cosa por la que te echo aún más de menos Mati, y es irnos juntas al cine)




The Swimmer (1968) by Frank Perry and Sydney Pollack (uncredited)
Writers: Eleanor Perry (screenplay), John Cheever (story)
Stars: Burt Lancaster, Janet Landgard.





No hay comentarios:

Publicar un comentario