El alma que ha visto, lo mejor posible, las esencias y la verdad, deberá constituir un hombre, que se consagrará a la sabiduría, a la belleza, a las musas y al amor. Platón, Fedro o de la belleza.
Perhaps he knew, as I did not, that the Earth was made round so that we would not see too far down the road. Isak Dinesen
Sólo vemos lo que miramos. Mirar es elegir. John Berger
Y cogeré hasta el final de los tiempos, las plateadas manzanas de la Luna, las doradas manzanas del Sol. William Butler Yeats

domingo, 15 de junio de 2014

¡Que le corten la cabeza! (2ª parte)


Grabado del S.XVIII que representa la muerte de Luis XVI en la guillotina. Roger-Viollet

Cercenar cabezas con la guillotina se puso de moda a finales del XVIII. Una práctica algo sanguinaria pero mucho más efectiva que el rutilante hachazo de doble hoja utilizado durante gran parte de la Edad Media. Las penas capitales eran lo común por entonces. Tras un breve juicio (si se daba el caso) el siguiente paso era llevarse al reo al patíbulo y cortarle la cabeza. Con un poco de suerte y, si el verdugo no se había cogido una buena melopea la noche anterior, éste podía acertar, dar en el tino...y ya está, pero lo difícil era eso. Por no entrar en detalles viscerales, las ejecuciones se transformaron en un espectáculo grotesco y sanguinario que atraía a la plebe. 
No queda claro quien fue realmente el inventor de la guillotina. Se habla de un tal Joseph Ignace Guillotin (1738-1814), un médico francés contrario a la pena de muerte. Tras el triunfo de la Revolución Francesa (1789) y como miembro de la Asamblea Legislativa propuso a la misma el uso de la guillotina como un método menos doloroso, más rápido y, si cabe, más humano. Dicho y hecho, a partir de entonces rodaron cabezas como rosquillas, hasta el mismísimo Maximilien Robespierre que gobernó Francia durante el periodo revolucionario conocido como el Reino del Terror (1793-1794) probó la afilada cuchilla.
Como venía diciendo unos días atrás, los Borbones llevan más de trescientos años como monarcas de España. En el capítulo anterior acabé hablando de las Guerras Carlistas, cuatro guerras que se sucedieron en el espacio de tiempo entre 1833 (la primera) y la última que acabó en el año 1876. Estas guerras civiles enfrentaron a los Carlistas (absolutistas) partidarios de Carlos María Isidro de Borbón (y sus descendientes), y a los liberales, partidarios de Isabel II de España. Recordemos que en las últimas elecciones celebradas en 2011, el Partido Carlista presentó un programa electoral en el que-y rescato textualmente-la parte que confiere a la descendencia dinástica del poder decía así: (...) El partido Carlista no plantea ningún pleito de tipo dinástico, sino socio-político, oponiéndose tanto a la actual Monarquía, heredera y continuadora directa de la dictadura franquista, como a las estructuras de poder centralistas y capitalistas en que se apoya. El partido Carlista respecto a la forma de coordinación institucional máxima de Las Españas se declara accidentalista.


Carga de Zumalacárregui

Entre guerra y guerra, el siguiente Borbón en ocupar el trono durante (1833-1868) fue Isabel II, apodada la de Los tristes destinos. Isabel II ocupó el trono con tan solo trece años y como era de esperar enseguida le buscaron un marido, y cómo no, ¡un primo-hermano!. La reina Isabel se desposó con Francisco de Asís de Borbón, Duque de Cádiz, apodado "Paco el Natillas". Se cuenta que en su noche de bodas Isabel no accedió a acostarse con él. Las razones es que a Paco le pirraban los hombres. Famosa se hizo la cancioncilla "Paco Natillas es de pasta flora y se mea en cuclillas como una señora". De Francisco se decía que tenía tantos amantes masculinos, como Isabel II. De entre los amantes de la Reina se habla del compositor Emilio Arrieta, José María Ruiz de Arana, conocido en Madrid como el "pollo Arana", y el militar Puig y Moltó, a quien se le atribuía la paternidad del futuro Alfonso XII. Oficialmente el matrimonio tuvo once hijos, aunque varios embarazos acabaron en abortos o los neonatos fallecieron al cabo de muy poco tiempo. La Reina de los tristes destinos, tuvo que hacer frente a la Revolución de 1868 (conocida como La Gloriosa) y exiliarse en París donde fue bien acogida por Napoleón III y Eugenia de Montijo, en donde abdicó en favor de su hijo Alfonso XII. En París vivió el resto de sus días y desde allí fue testigo de la Primera República, del reinado y de la muerte de su hijo en 1885, de la Regencia de su nuera, María Cristina de Habsburgo-Lorena y del inicio del reinado de su nieto Alfonso XIII.


Acuarela 97 de la serie "Los Borbones en pelota". Isabel II con su intendente Carlos Marfori y su marido. A la drcha espera un batallón de guardia. Leyenda de la acuarela:Isabel-Espérate a que acabe mi intendente. Paquita-¡Aguardemos la vez como en la fuente!


¿Dónde vas, Alfonso XII? y ¿Dónde vas, triste de ti?, son los títulos con los que recordamos dos películas rodadas en 1958 y 1960 respectivamente, en las que se narran la vida de Alfonso XII, desde su primer y desgraciado matrimonio con su prima María de las Mercedes la cual murió de tifus a los pocos meses de casarse y la segunda parte, en la que nos cuentan...pues el resto de su vida. Dos pestiños muy serios para la siesta (con todos mis respetos), pero importantes para recordar esa visión monárquico-romántica que pretendían meternos con calzador allá por los años sesenta. Alfonso XII subió al trono un 29 de Diciembre de 1874, tras el Golpe de Estado del General Pavía. En segundas nupcias se casó con María Cristina de Habsburgo, (que no era su prima), sino hija del Emperador de Austria y de cuyo matrimonio nacieron tres hijos, el pequeño de ellos el futuro Alfonso XIII. Pero el gran amor de Alfonso XII fue una cantante de lírica, Elena Sanz con la que tuvo dos hijos ilegítimos, Alfonso y Fernando.
En el año 1885 se desató una epidemia de cólera en Valencia que se fue extendiendo al interior del país. Fuera o no este el motivo la cuestión es que Alfonso XII cayó enfermo de tuberculosis. Murió con 28 años.

Elena Sanz
El siguiente Borbón en la lista  fue Alfonso XIII (1886-1931). No voy a enumerar la gran cantidad de acontecimientos que se sucedieron durante su reinado, eso sí, merece la pena echar un vistazo al conocido como el Desastre del 98, la Guerra del Rif, la Semana Trágica de Barcelona (1909) y el Desastre de Annual (1921).
Como a casi todos los Borbones, Alfonso XIII tenía una prominente nariz y le encantaban las mujeres. Tuvo decenas de amantes de las cuales concibió hijos naturales, en total cinco.  Entre las más estables destaca Melanie, la actriz Carmen Ruiz Moragas y alguna conocida vedette del momento. Se casó en 1905 con la sobrina de la Reina Victoria de Inglaterra: María Victoria de Battenberg, guapa y elegante. Lo que no se sabía era que esta mujer era transmisora de la hemofilia, enfermedad que transmitió a dos de sus hijos: Alfonso y Gonzalo. 
Según el investigador Román Gubern el rey fuy un gran aficionado al erotismo y al cine pornográfico. Se sabe que produjo varias películas en los años veinte, empleando al Conde de Romanones como intermediario. Un ejemplo de ellas son los cortometrajes: El confesor, El ministro y el Consultorio de señoras, todas ellas rodadas en el Barrio Chino de Barcelona.
En 1941 renunció a la Jefatura de la Casa Real en favor de su hijo Juan que como todos sabemos nunca llegó a ser Rey. Alfonso XIII murió ese mismo año en Roma de una angina de pecho.

Atentado anarquista al Rey Alfonso XIII el día de su boda (1906). Murieron 28 personas

Y por fin llegamos a Juan Carlos I que dejará de ser rey la próxima semana. Ha decidido abdicar en su hijo Felipe-y ya vamos por el Sexto-y así dejar el trono en un momento algo delicado. Todos conocemos sus últimas aventurillas... Le pillaron, in fraganti, en Botsuana durante una cacería de elefantes, a partir de ahí sus tropiezos no le han hecho más que pasar por el quirófano y ver que le pasaba a esa "caderilla". Resumiendo, que se va y nos deja a su hijo con toda la prole que también vendrá detrás...aunque también nos podrían preguntar si eso es lo que queremos... Esto sigue siendo igual que hace mil años, pero en esta ocasión no ha hecho falta que muera un rey para que nos pongan a otro, te guste o no te guste: "El Rey ha muerto, viva el Rey" o como dirían los franceses "Le roi est mort, vive le roi".



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